Palabras del Rabino Abraham Benhamú

 

Las tres semanas

Vamos a entrar en las tres semanas de duelo por tragedias que han azotado a nuestro pueblo en estos días, entre las que están desde el momento que Moshe Rabénu rompió las Tablas de la Ley, hasta la destrucción de los Templos, posteriormente cruzadas, inquisición, pogroms y holocausto, cada una de ellas tenían nombre propio, en especial el de religión.

De la destrucción nos quedó el Cotel Maarabí, o Muro de los Lamentos, que aunque nos parezca inverosímil, fue y es el que nos mantiene con el espíritu en pie, viendo al frente y con la esperanza de que algún día seremos totalmente redimidos.

Cuando visitamos Eretz Israel, lo primero que pensamos es ir al Muro, no hay judío que no tenga este afán y esta esperanza. Allí presenciamos y recordamos todo cuanto la humanidad, ha infringido contra nosotros, vergüenza tras vergüenza, pero no hace mella al enemigo, siempre hay palabras para justificar, no hay una ley clara que proteja al judío como tal, fuera, ó inclusive en nuestro propio país.

Cuando un enemigo destroza por decenas, simplemente se dice “los judíos murieron”, si el judío, por su preservación se defiende, se dice “Los judíos asesinaron”, cuando en realidad es a la inversa, entonces nuestra pregunta está ¿Dónde están los derechos humanos para el judío? O quizás éstos no existen para nosotros porque aun está la saña contra nuestro pueblo, por el simple hecho que somos judíos, y nada más?!.

Pocos casos hay tan espinosos como los nuestros, ni un pueblo que sea capaz de soportar tantas tragedias, como las que hemos sufrido, por que aun existe el sentimiento antisemita en lo más profundo de sus entrañas y si aceptaran abiertamente este hecho no tendrían disculpa ninguno de ellos, además de ser la vergüenza de la humanidad, sin excepción.

Al lamentar la destrucción del Bet Hamikdash, no olvidamos tampoco las tragedias que nos tocó vivir; por los últimos dos mil años hemos estado dispersos por todos los confines de la tierra, gran parte de este Galut ha sido de persecuciones, matanzas, aniquilamientos, vejámenes, etc., desprovistos de todo derecho y a merced del gobernante de turno y sus caprichos.

Cada Yeshibá, cada Sinagoga que fue destruida, ha sido como un nuevo Jorbán, se asemejan a las destrucciones de los Templos y cuando las reconstruían, nuevamente y sin compasión eran destruidas con sus moradores.

Retomando el período del primer templo se podría comparar a la niñez del ser humano. En aquellos tiempos estábamos bajo la tutela de D-os. Teníamos profetas que nos enseñaban cual era el mensaje de D-os y Su presencia se manifestaba entre nosotros.

El segundo templo fue destruido por el odio y la vanidad entre las personas. Pues el sostén y la fuerza del segundo templo consistían en la unión del Pueblo. Siempre que éste hable y actúe al unísono, hallarán automáticamente la unidad alcanzada como pueblo, cuyo espíritu ocasionó que fueran dignos de la Torá en el Sinaí. Sus enseñanzas son el camino de la unificación.

El segundo templo representa la edad adulta que nos lleva a la vida social. Ya estamos libres del hogar paternal. Y aunque nuestros padres todavía nos apoyan económicamente sentimos que su presencia es opresiva. Esta etapa de la vida nos enseña el valor de la sociedad, con la sorpresa de que también allí hay opresión y no todo funciona de acuerdo a nuestros deseos.

El segundo templo fue destruido, y el pueblo de Israel, halló en los nuevos exilios a un mundo hostil. D-os en Su infinita bondad implantó en nosotros, espíritu de fuerza y tenacidad , para hallar después de cada tragedia una luz de esperanza y reconstruir todo lo que nos van destruyendo, de esta manera damos fe a la creencia en nuestro D-os y en nuestra Torá y el sentimiento innegable hacia todo lo que es nuestro.

D-os quiera y mantenga en nosotros ese espíritu de amarlo y cumplir con Sus Divinos mandamientos, para que por ese Zejut, tengamos pronto una redención completa, Amén.

 

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